Joan Vich
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Joan Vich: Fidelidad al oficio

Joan Vich Tugores nació en Son Ferriol. A los once años ya tenía su vocación definida y empezó a estudiar dibujo con Josep Lluís Pla. A los quince años cambió de maestro y asistió a la academia que regentaba en aquel entonces el malogrado Xim Torrents. Fue en esta escuela donde Joan Vich recibió las primeras vacunas contra el arte abstracto y pensó que no todo estaba dicho en el arte clásico. Vich no fue en ningún caso un individuo unicelular denominación que emplea un amigo común para referirse a los desgraciados que solo tienen interés en un aspecto de la vida. A Joan le gustaba también el fútbol y llegó a ser portero del Barça juvenil. Yo oí decir a un entrenador que hubiera llegado a ser una gran figura si hubiera tenido la cabeza más en el balón y menos la señoritas de la comarca a las extranjeras que llegaban a la Ciudad Jardín, Can Pastilla o el Arenal. Dejando el deporte y estas otras veleidades Vich se centró pronto en su auténtica vocación y curso estudios de Bellas Artes de Barcelona. A partir de entonces Vich se ha dedicado íntegramente a la pintura, simultaneando la enseñanza con la pintura. El público palmesano ha tenido ocasión de ver su obra en la ya desaparecida galería Bearn, en el Cercle de Belles Arts, en Dera y en Cunium. Vich ha expuesto también en la Península en Alemania y en Inglaterra. Desde los inicios Vich tuvo el acierto de pintar lo que conocía y amaba: la tierra, las construcciones rústicas, los utensilios, los animales que habían permitido ganarse la vida a quienes los habitaban y que ahora amenazaban ruina. Era casi una crónica viscontiana de unos huertos que no hacia mucho estaban en plena actividad y servían para ganarse la vida y que ahora estaban amenazados de convertirse en meros solares urbanizados. Es un mundo que en parte ya ha fenecido pero que hoy podemos recordar gracias a su pintura. De todas formas Vich ha tenido el acierto de no limitarse a su mundo comarcal. También ha viajado y en sus viajes ha hecho multitud de fotografías, algunas dela cuales han sido reproducidas sobre el lienzo y utilizado la técnica del óleo. En ellas ha sabido captar la magnífica entonación que tiene los colores africanos que se transparenta tanto en el encalado de sus casa como el la indumentaria de sus habitantes.

La exposición que presenta ahora Joan Vich en la Galería Vanrell tiene a mi parecer otro objetivo. Si he dicho que antes trataba de salvar objetos o casas que amenazaban ruina ahora lo que se pretende en salvar el tiempo. La mayoría de cuadros les serán perfectamente identificables: la iglesia de Sant Nicolau, Es Born, la Plaza de la Reina, el Bar Bosch, el Sollerich, Valldemossa, Venecia. Esto le será fácil al espectador. Pero donde ustedes demostrarían mayor perspicacia seria si conociesen la época del año y la hora aproximada en que fue hacha la foto que luego ha sido trasladada al lienzo. Lo digo porque sin haber podido hablar con el pintor creo adivinar que este ha sido uno de sus mayores propósitos: captar la luz que ilumina los distintos rincones de nuestra ciudad en determinados momentos. Pruébenlo y si lo adivinan díganselo al pintor. Estoy seguro que se alegrará enormemente. Y un último consejo. Hay un cuadro en la que hay una galera tirada por un caballo. Puede parecerles fácil pintar un caballo en movimiento. Yo les aseguro que no lo es. He visto fracasar a muchos pintores en este empeño. En el cuadro de Vich está soberbiamente captado. No es extraño. El y yo hemos dedicado mucho dinero a las apuestas de Son Pardo sin haber obtenido ninguna recompensa. Ninguna recompensa por lo que a mi respeta porque el aprendió a dibujar un caballo “au petit trot”. Compruébenlo.

Joan Vich "Paisatges urbans"
Galeria d’Art Gabriel Vanrell

Article de Francesc Bujosa, publicat a Última Hora (Palma, febrer de 2003)

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